Investigadores de la UdeA avanzan en estudios para mejorar las terapias contra el cáncer gástrico, el más letal en Colombia

2026-10-05 20:56:29 - MUNDO

El cáncer gástrico es el que más muertes causa en Colombia. En 2024, según cifras de la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (Iarc), el país registró 9.010 nuevos casos y 6.757 fallecimientos por esta enfermedad, que ocupa el cuarto lugar en incidencia pero el primero en mortalidad.

Frente a ese panorama, investigadores de la Facultad de Medicina de la UdeA dieron un paso que podría cambiar la forma en que se diagnostican y tratan algunos de esos casos.

El equipo, conformado por el Grupo de Gastrohepatología, el Departamento de Patología y el Grupo Bacterias y Cáncer, en colaboración con el Hospital Alma Mater de Antioquia y el Hospital San Vicente Fundación, estudió muestras de tejido tumoral de 35 pacientes con cáncer gástrico operados en esas dos instituciones.

El objetivo es identificar y caracterizar en la población antioqueña un subtipo de la enfermedad asociado al virus de Epstein-Barr, hasta ahora descrito principalmente en Asia, Europa y Norteamérica.

"Casi no teníamos información específica de pacientes atendidos en Antioquia. Caracterizarlo en pacientes colombianos nos permite dejar de extrapolar únicamente datos extranjeros y empezar a construir evidencia propia, adaptada a nuestra realidad epidemiológica y a nuestros hospitales", es la finalidad e importancia del proyecto, según explicó Ana María Muñoz Restrepo, médica general de la UdeA e investigadora del Grupo de Gastrohepatología.

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El virus de Epstein-Barr es uno de los más extendidos en el mundo. Se transmite principalmente por la saliva —al besar o compartir objetos que han estado en contacto con la boca— y la mayoría de las personas lo contrae durante la adolescencia.

En muchos casos no produce síntomas; en otros, causa la mononucleosis infecciosa, conocida como la "enfermedad del beso". Lo que no significa, aclaran los investigadores, que quien haya tenido el virus vaya a desarrollar cáncer.

Según explicó Muñoz Restrepo, el cáncer gástrico asociado a este virus es uno poco común y que requiere la interacción de distintos factores como genéticos, ambientales e inmunológicos para desarrollarse en una persona.

"Nuestro trabajo no estudia personas infectadas por el virus, sino tumores ya diagnosticados para comprender mejor su biología y encontrar oportunidades de tratamiento", señaló Muñoz Restrepo.

Mediante una técnica de laboratorio especializada llamada EBER-ISH, el equipo detectó la presencia del virus en el 42,9 % de los tumores analizados. Ese porcentaje no refleja la prevalencia general del subtipo en la población, sino la proporción dentro de una muestra seleccionada intencionalmente. Lo relevante, según los investigadores, es que confirma que este tipo de tumor sí existe en pacientes de la región y que vale la pena buscarlo de forma sistemática.

El hallazgo más significativo fue la descripción del entorno donde las células cancerosas interactúan con el sistema inmunológico. "Prácticamente todos los tumores que estudiamos tenían una gran cantidad de células del sistema inmunológico dentro del tumor —linfocitos—, lo que nos indica que las defensas del organismo están intentando reconocer y atacar las células cancerosas. Al mismo tiempo, encontramos que cerca de un tercio de los tumores expresaba la proteína PD-L1", explicó María Cristina Navas Navas, viróloga y coordinadora del Grupo de Gastrohepatología.

Es decir, el sistema inmune intenta atacar el tumor, pero este activa mecanismos para frenar esa respuesta. Esa dinámica es precisamente la que aprovechan los tratamientos de inmunoterapia, que buscan desactivar ese freno y permitir que las defensas del cuerpo actúen con más fuerza.

El estudio abre la posibilidad de que pruebas como EBER-ISH y la evaluación de la mencionada proteína PD-L1 se incorporen de manera más rutinaria en los laboratorios de patología del país, para identificar qué pacientes podrían beneficiarse de tratamientos específicos antes de iniciarlos.

Sin embargo, los investigadores insisten en que la mejor herramienta sigue siendo el diagnóstico temprano. La endoscopia digestiva alta permite detectar lesiones premalignas en etapas iniciales, cuando las posibilidades de tratamiento son considerablemente mayores.

"El pronóstico del cáncer gástrico cambia de manera importante cuando se diagnostica en etapas iniciales. Por eso, además de seguir investigando nuevos tratamientos, es fundamental fortalecer las estrategias de prevención, acudir al médico ante síntomas digestivos persistentes y promover el diagnóstico oportuno en las personas con mayor riesgo", concluyó Navas Navas.

Entre los factores de riesgo del cáncer gástrico están la infección crónica por Helicobacter pylori, tener más de 60 años, el consumo frecuente de alimentos ultraprocesados o preservados con sal, el alcohol, el tabaquismo y el sobrepeso.

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